miércoles 7 de octubre de 2009

Números de la vida


Aleks se despertó ansioso, faltaban pocos días para que llegue el momento esperado. Este último mes había sido un poco más angustiante que los anteriores, pero igual de bonito, pequeños detalles que se olvidan con el tiempo. Se sentó en la cocina mientras tomaba desayuno, luego de ducharse y pensaba en que podrían hacer ese día, aunque desgraciadamente caía domingo.

Comenzó a recordar cosas que habían pasado, desde el inicio hasta estos días mientras que una sonrisa aparecía en su rostro. "¿Por qué mierda me tuve que haber fijado en una persona así?" se preguntaba. Amargada, caprichosa, voluble, egoísta, orgullosa, no se daba cuenta de algunas cosas. Bueno a final de cuentas la mayoría de las mujeres tienen por lo menos tres de esas cinco características. Pero no se sentía mal con eso, el simple hecho de recordar esa maldita sonrisa del diablo en su rostro quedaba perplejo, hipnotizado, curado. "Maldita sea."

Mientras caminaba, sin tener noción de por dónde iba, iba recordando todos los momentos que habían estado viviendo, y su corazón comenzaba a entender el por qué de ese sentimiento que estaba bien plantado de raíz en su corazón por aquella persona tan problemática. Estaba en un camino con una serie de números en orden descendente, cada uno de distinto color y mientras avanzaba (o mejor dicho, retrocedía) por cada uno de ellos una serie de sentimientos recorrían su cabeza. En aquel momento estaba parado sobre el número siete.

Retrocedió al número seis, de un color amarillo, contradictorio. Sintió la sinceridad que reflejaban los ojos de ella y de la intensa erupción que sentía cada vez que pensaba en esa persona y sobre todo lo mucho que la extrañaba a cada instante. Muy distante de su mal carácter. Un poco más allá se encontraba el número cinco, de color rojo. En aquel momento sintió una clara confianza, un deseo carnal y una pasión que se desencadenaron durante esa etapa, y aquellas sensaciones eran tan hermosas que tenía siempre la necesidad de más, para que iba a negarlo, esa sensación era adictiva. Ganas de más.

Un poco mas lejos, llego cuatro, naranja. Había seguridad, un tiempo entero para ellos, sin universidad, ni trabajo, ni nada. Un número de sorpresas, un número que pasó muy rápido, divertido, quizás hubiera deseado que esta etapa pase un poco más despacio. En el tres encontró amor puro por primera vez, color rosa. Quizás en un comienzo pensó que había sido demasiado pronto para estar sintendo esas cosas, pero las cosas se sienten y se dicen, por algun motivo, el rosa estaba a dos pasos de volverse rojo intenso...

Más al fondo, ya casi por terminar y más difícil de recordar, estaba el número dos, cuando apareció la tranquilidad. Las cosas iban avanzando, madurando, estaban conociéndose más y no había mayores problemas (aunque claro hay que ser bien pendejos para comenzar a tener problemas a la altura del dos). El número era de color azul.

Al final del camino estaba el uno, blanco, el primero en darse a conocer, puro, inocente. Donde comenzó todo, un inicio de una nueva etapa en su vida, una vida compartida, una vida nueva, fresca. Que le recordaba a los primeros momentos junto a esa persona, desde que la vio por primera, a cuando se animó a conocerla y se recordó de cada una de las cosas que pasaron hasta que se animaron a darse una oportunidad. Un número sin miedo a futuro, el número más inocente.

Es evidente que cada uno de los números y colores expresaba un sentimiento. Había retrocedido para darse cuenta de todas esas cosas que había pasado junto a ella, fue ahi que su corazón saltó, se llenó de alegría, de felicidad, de emociones y tuvo un refuerzo a cada uno de esos sentimientos de los números pasados. Dejó de retroceder y se apresuró en regresar a donde vino, al número siete de color verde. En ese momento encontró la respuesta del por qué se había fijado en esa chica tan antipática. Y la mas simple respuesta es que se había enamorado. Estaba perdidamente enamorado de ella, y se sentía muy feliz de sentir esto. No necesitaba nada más. Ninguna otra explicación, ninguna otra respuesta, todo se centraba en eso, lo demás era secundario, todo lo demás es secundario.

Con muchas ganas de seguir adelante, con muchos deseos de repetir los momentos vividos y emocionado por crear nuevos, pintar cada número siguiente de todos los colores posibles. Pase lo que pase, por siempre, para toda la vida, junto a ella. Y ahora, ¿cual será la reacción de ella al saber todo esto? Se dará cuenta, en unas horas, cuando vaya a recogerla, esten juntos y vea esto, ella se lo hará saber.