domingo 20 de junio de 2010

Entre espadas y diamantes


21 días de larga espera florecieron en una cereza, dulce y sabrosa, pero te la terminas de comer en un dos por tres. El viaje de un reino a otro, el rey ve a la reina, la admira, la desea. 3 infernales semanas de viaje para lo que pareció durar segundos, para entrar en su reino, algunos minutos tal vez y luego todo terminó. Fue como planear un viaje, emocionado, esperar casi un mes, partir y en cuando menos te lo imagines estas de regreso, de vuelta al maldito mundo real donde están todos tus problemas y preocupaciones esperándote, se terminó el mundo de a dos y regresó el mundo real.

Una idea, una ilusión, un vino, una caricia, besos, más caricias atrevidas, una respuesta positiva, sexo. Una desenfrenada noche de pasión sin límites en el cuarto real a lo alto del castillo, el rey de diamantes conquista a la reina de espadas y en la cima de la gloria ambos se derrumban, la reina vence porque el rey se deja vencer, el gran rey de diamantes cae exhausto, vencido. Es expulsado del reino de aquella reina de espadas, decidida y hermosa, agresiva pero orgullosa, seductora. El rey abandona el reino, planeando su estrategia de cómo volver a recobrar su legado y tener otro encuentro con la reina de espadas, fuerte, bella, fría como toda una dictadora que no siente piedad por nada, por nadie, sólo por su rey de diamantes. Ella lo desea. El lo sabe. La reina lo está esperando para un nuevo encuentro, ya que sólo el rey puede dominar a la bestia, y eso a ella la excita. A ella le excita que el rey caiga rendido voluntariamente a sus piernas desnudas para sumergirla en el mar de pasión, sólo para después ella rendirse y entregar su trono, corona y legado de espadas a diamantes y expulsar al rey del reino de nueva vez. Sólo para volverse a encontrarse, en una serie de encuentros interminables, secretos y perfectamente planeados que sólo ellos conocen.

Ambos saben que el próximo encuentro está cercano y lo esperan con ansias, con deseo y anhelo y ambos saben que ella va a ser su reina.