viernes, 27 de febrero de 2009

Diario de Don Nadie

Viernes

Último viernes de febrero por la tarde, luego de llegar de la universidad, a la cual había ido a dejar unos documentos que le habían pedido, Aleks se sienta en la computadora y comienza a hablar con Luizo y Andy para planear la noche del día siguiente, la idea era ir a un casino por Miraflores y con el dinero que junten irse a tomar unos tragos, algo tranquilo. Fue la gran idea de Fabiana. Andy no aseguró nada ya había quedado con sus amigos para ir al Sur ese día, pero si por algun motivo se cancelaba, iría con Aleks y Fabiana. Luizo dijo que sí los acompañaría, ya que Vanessa, su enamorada, se iba a la playa.

Se paró de la silla, abrió el cajón de la mesa de noche, buscó sus cigarrillos, afortunadamente le quedaban seis, sacó el zippo que Gisella le había regalado por su cumpleaños, cogió el Ipod, cruzó la cocina, abrió la puerta y salió a caminar un rato mientras fumaba. Mientras prendía el cigarrillo y buscaba Bitter Sweet Symphony de The Verve, su canción favorita para entonces, le dieron ganas de llamar a Gisella, su mejor amiga, para ver como estaba y si tenía planes para la noche, pero luego se imaginó que ya tendría algo y lo más probable es que fuese con Feña y Nata. Volvió a guardar su teléfono y comenzó a pensar en algunas cosas que le habían sucedido ese verano. La estaba pasando muy bien, no se podía quejar, había conocido a Nevenka, había fortalecido su amistad con Danila y Fabiana, a quien Aleks siempre le decía que era muy pesimista, pero ella respondía ser realista, quizás tenía un poco de ambos. A pesar que casi no hablaba con Omar como cuando estaban en la universidad, se veían de vez en cuando. Tampoco sabía nada de Deo, quien siempre paraba ocupado.

Mientras encendía el tercer Lucky y la oscuridad se iba apoderando del cielo, se acordó que al día siguiente iba a llegar de España su hermano Dante, a quien no había visto en más de dos años. Tampoco habían hablado ni por teléfono e iba a decirle para ir a tomar unos tragos y hablar sobre como le había ido. Tenía muchas ganas de salir esa noche así sea a aburrirse a cualquier esquina con un par de amigos. Cuarto cigarrillo, y además el último, tampoco quería destruirse los pulmones en una noche. Sin lugar a dudas, había sido el viernes más aburrido que había tenido en algun tiempo, ya que durante el último mes se habían juntado varias reuniones y fiestas de sus amigos, iniciada por el mismo Aleks que hizo una reunión sin razón alguna, para que luego Omar a la semana siguiente haga una parrillada en su casa, tampoco sin razón alguna. Luego llegó el cumpleaños de Luzio, seguido por San Valentín para finalmente el último viernes había sido la reunión de metaleros de Ricardo, celebrando su cumpleaños dos días antes y aunque haya terminado relativamente temprano debido a una pelea, la había pasado bien junto a sus amigos del colegio a quienes no veía hace bastante tiempo: Tatoo, Toto, la Vieja, Irvine y a Nevenka. También estuvo pensando en la noche anterior, la cual pasó en casa con Nevenka, viendo una película y conociéndose mas, sin embargo no había tenido noticias de ella en todo el día.

Volvió a su casa y entró de nuevo a la computadora, para no encontrar a nadie interesante en el messenger. Esperaba encontrar a Fabiana para lorear sobre la vida y dar los últimos retoques para el sábado y afortunadamente consiguieron hablar unos minutos, Aleks intentó avisarle a Danila para ver si es que ella se animaba a ir también, ya que Fabiana se iba a sentir algo incómoda si era la única mujer, pero no le respondió el teléfono. Ya contestará, Tavo se había animado a ir también y también iba a buscar con quién ir. Irían sus mejores amigos (a excepción de Gisella quien no se juntaba con ese grupo) y a Aleks le gustaba la idea de reunirse. Sin embargo, había algo más...

Continuará... quizás.

lunes, 23 de febrero de 2009

Mentalización Simple que 'Vale'

Domingo por la tarde, me levanté algo cansado y sin hambre (pero bastante estúpido), claro, después de tremenda hamburguesa que me habia empujado la noche anterior gracias a la cual me había quedado sin plata para el taxi, parado en la mitad de la Javier Prado. Hubiera sido ilógico despertarme con ganas de comer. Tras oír uno de los tantos llantos de mi sobrina, abrí la puerta de mi cuarto entre gruñidos y justo me topé con mi mamá, quien me preguntó que tal me fue la noche anterior y que a que hora había llegado.

Luego de contarle, prendí la computadora para ver si había alguien interesante en el messenger a esta altura de la tarde y solamente estaba Silvana, una de mis mejores amigas de la universidad. Comenzamos a conversar un momento sobre el gran sábado de la vida, mientras mi mamá se despedía porque tenía que ir a hacer cosas importantes con mi papá - osea ir a comer ceviche y recoger una aspiradora de Hiraoka. Mientras hablaba con Silvana e intentaba desifrar sus interminables metáforas improvisadas, me dieron ganas de llamar a Valenka, suponiendo que ya iba a estar despierta. Le dije a Silvana que ya volvía en un rato, cogí el celular para ver el número, fuí al cuarto de mis viejos, agarré el teléfono y comencé a marcar. No voy a mentir que sentí cómo me salió una sonrisa de estúpido enamorado cuando contestó y luego de hablar un rato y tocar ciertos temas, colgamos y quedamos en conversar más tarde por messenger, porque sino mi iba a dejar de ser Alejandro Castro y me iba a convertir en Alejandro Castrado por hablar tanto. Regrese caminando a mi cuarto con una intranquila seguridad, volví con Silvana solo para que me diga que se iba a almorzar.

Luego de una hora aproximadamente, me comenzaron a rugir las tripas por lo que fuí a buscar algo a la refrigeradora, y encontré cuatro pedazos de pizza de la noche anterior que mi papá había pedido, intenté comer los cuatro pero solo pude con tres. Después de eso me dieron ganas de unos cigarros, pero desgraciadamente me los había olvidado en la cartera de Valenka al igual que mi zippo, y en la bodega más cercana, y única, que hay por mi departamento no venden. Genial.

Volví a la computadora, entré al messenger y comencé a hablar con ella y alrededor de la media noche se me dio por escribir esto. Lo que pasa es que hoy fue la primera vez que me dijo, que no tenía tema de conversación y me sorprendió bastante. Como puse al inicio, me había levantado algo estúpido esta mañana -y de paso la anterior también- y había estado medio extraño casi todo el día y quizás ese fue uno de los motivos que me hizo actuar así y aburrirla. ¿Por qué? No sé, pero sentía una combinación de tristeza y miedo. Y yo odio el miedo. Le dije que me espere unos minutos que ya volvía y me fuí a cagar.

Me puse a pensar buscando el por qué había estado así estos dos últimos días y al no llegar a una conclusión convincente ni para mí mismo, me sentí tan estúpido y pensé que sencillamente todo estaba en la actitud y que no iba a seguir así. Seguridad y buena actitud son dos de las cosas más importantes que he aprendido a tener en lo que llevo de mi inexperta vida.

Que te guste bastante alguien es francamente es todo un caso, te motiva a hacer cosas que usualmente no haces, como escribir una entrada como ésta -y de paso como las dos anteriores- contándole tu vida a cualquier idiota que la pueda leer. También planeas con una semana de anticipación una salida para que al final todo salga de improvisto, organizarla y no cagarla para, llegado el gran día, las últimas horas antes de irla a recoger en la que te bañas, buscas el pantalón y la camisa mas limpios que encuentres después de haberla lavado siete veces para asegurarte que huela bien, pero con tanto detalle de qué te vas a poner y como arreglar todo, llega la hora y te olvidaste de ponerte desodorante. Los treinta minutos en los que aproximadamente tardas entre lo que sales de tu casa hacia la suya, son los más felices del día hasta ahora, porque te pones a pensar en todo lo que van a hacer y que tienes 'toda la noche por delante.'

Llegas a su casa, la ves parada afuera esperándote porque se le malogró el timbre y te dice que le envíes un mensaje cuando estés cerca. La ves, te ve, sonríen y ya comienzas a sentir la falta de oxígeno que no sentías hace dieciocho años, típico mocoso asmático. Suben a la sala de su departamento, te dice que te sientes y que la esperes mientras se termina peinar-pintar-lavar-cambiar-ponerse perfume y volverse a peinar. En lo que la esperas pasan sus padres o hermano mayor, quienes saben perfectamente tus intenciones de buscar 'una linda amistad' con su hija y se preguntan Dios sabe qué cosas tendrás guardadas en los bolsillos aparte de la billetera y las llaves o peor aún, que habrá en la guantera del carro. Al pararte a saludarlos de la mejor manera posible (mis padres si me enseñaron a ser muy educado y a ganarme a las mamás... pero lastimosamente no a las hijas) y luego que discretamente te observen de pies a cabeza mientras tú, con la mano estirada y con la sonrisa mas finjida que pudiste fabricar, por fin llega ella después de mirarse al espejo por vigésima vez y te salva.

Salen y durante toda la cita estas pensando como hacer para robarle el beso. Sí, ese maldito beso que te traerá muchas consecuencias: incontables dudas sofocantes, tormentosas confusiones e innumerables dolores de cabeza, te quemará totalmente todas las neuronas activas en el momento, perderás la poca dignidad que te queda luego de haberle bajado el Sol, la Luna y las est rellas así como esta ridícula entrada que me tomó cuatro horas hacerla, pero que te hara sentirte el Macho Man de la noche, pero que al día siguiente despertarás con todas las ganas de llamarla y saber cómo está y a ver si te suelta alguna señal levanta-egos que te servirá como el tranquilizante del día, para luego repetir todo ese maldito círculo vicioso para la siguiente cita, hasta que atraque estar contigo -y si es que atraca. A pesar de todo el ser humano es masoquista por naturaleza y acepta todo con tal de ganarse el dichoso beso y probar el sabor de su lengua, porque al final, si la quieres, pues te jodiste.

Se podría decir que mientras pensaba eso, fui votando todo el ahuevamiento con el que había estado más de dos días y regresé con muchas ganas de hablarle, pero me dí la sorpresa que me había dejado un mensaje de despedida porque tenía sueño. Ví la hora, y habían pasado aproximadamente unos quince minutos desde que me había escrito eso, no me aguanté así que agarré mi celular y le envié un mensaje. ¡Si la quieres no la dejes pasar! Y abstente a las consecuencias.

Estaba casi seguro que no me iba a responder, y efectivamente así fue. Pero se que al leerlo, lo miró algo perpleja, sonrió así sea un poquito, dudó en contestarme o no, pero le gustó lo que puse y ahora estoy muy tranquilo. Y ahora que lea esto quizás le quedarán las cosas mas claras del por qué mi ridículo comportamiento de anoche, pero ni yo me entiendo. Cosas de la vida, que si estoy seguro de algo, entonces no tiene por qué volver a suceder.